Manuel On Board


En esta ocasión tocaba desplazarse hasta Montehemoso, lo que implicaba poner en marcha la logística. El Sábado después de comer cargamos las bicicletas y ponemos rumbo hacia Cáceres César y Yo, Manuel, allí habíamos quedado con Kiko para recoger su licencia federativa y así al día siguiente coger su dorsal.

Una vez que llegamos a Montehermoso, nos alojamos en la casa de los tíos de César, donde nos acogieron y nos cuidaron muy bien, algo de lo que estoy muy agradecido. Apenas sin darnos tiempo a bajarnos del coche nos enfundamos nuestros maillots y salimos a explorar el terreno para ver que nos esperaba al día siguiente. Óliver (primo de César) nos sirvió de guía, hicimos 1h 30' de recorrido para activar piernas. Había bastante agua por todos lados, poca en comparación a lo que fue al día siguiente, donde aquello se convirtió en un auténtico río. Una vez terminado el recorrido, limpiamos, adecentamos y dejamos listas nuestras bikes para el día de la competición.

Después de una buena cenita para coger combustible, nos fuimos a dormir para recagar pilas, aunque con la incógnita de no saber lo que nos depararía el día siguiente.

Tras unas reparadoras horas de sueño nos despertamos temprano escuchando la tromba de agua que estaba cayendo, aquello parecía el diluvio universal, pero nosotros seguimos nuestra rutina sin importarnos el agua, hicimos nuestro desayuno copioso para seguir cogiendo todas las fuerzas posibles y nos fuimos a la zona de entrega de dorsales, aun sin saber si se desarrollaría la prueba o no por el temporal que había.Incertidumbre que desaparecería cuando al llegar vimos que todo estaba listo para la carrerra. Allí nos encontramos a Kiko, cogimos los dorsales y a ponernos los trajes de faena para empezar con nuestra aventura.

Tras unos minutos de calentamiento pronto nos juntamos todos para tomar la salida, la cual fue como esperabamos.... ¡¡¡ a cuchillo desde el principio sin dar tregua !!! El ritmo empezó siendo muy fuerte, nosotros nos posicionamos muy bien en el pelotón yo,  me quedé un poco más rezagado pero tanto Kiko como César tiraban como posesos y los perdí la pista. Pronto empecé a coger mi ritmo pero la gente tiraba de lo lindo entre agua y barro, lo mejor es que esto no había hecho nada más que empezar. Me encontraba agusto, cogí un grupo bastante grande en el que se rodaba fuerte durante algunos kilómetros hasta que comenzaron los repechos y empezaron ha romperse los grupos grandes. A partir de aquí, poco a poco, empecé con mi remontada personal  adelantando a bastante gente, entre ellos a Kiko que igual que  en Jaraicejo en una subida se fue a tierra por culpa del cambio, al comprobar que se encontraba bien contiué. Poco tardó en enlazar conmigo y ahora fuí yo quien besó el suelo, Kiko se preocupó  por mi intregridad y al ver que no fué nada continuó la marcha.


Con la llegada de los grandes repechos la gente se juntaba, algo que a mí me venía al pelo para ir adelantando posiciones, incluso conseguí llegar de nuevo a la altura de Kiko y como me encontraba con fuerzas tiré hacia delante hasta encontrar  al que fuera mi compañero de carrera durante más tiempo, un tío que me sacaría dos cabezas, yo iba fuerte y el gigantón se pegó a mí como si en ello le fuera la vida unas veces tiraba yo y otras apretaba él hasta llegar el kilómetro 50 donde empecé a sufrir calambres y el miedo a no poder terminar rondaba mi cabeza. Conseguí recuperarme y pude seguir hasta enlazar de nuevo con el gigantón.  Pasamos unos tramos infernales entre olivos, pronto llegó un compañero de equipo del gigantón que pondría la cosa mas emocionante, ambos se pusieron a hablar y el nuevo me decía ... -¿Tú que eres master 30? al decirle que sí se pusieron a tirar como diablos, yo los seguí hasta que me dejaron cierta distancia. A lo lejos me pareció ver a alguien conocido aunque con tanto barro encima no estaba seguro si sería, según me aproximaba mis sospechas se hicieron ciertas, sí era César!! Como hombre de campo que soy, le lancé un grito y pronto él miró atrás, al reconocerme se quedó sorprendido pero  yo con la euforia tiraba como un diablo  y César me tranquilizó ya solo nos quedaban 10km para meta y no era el momento de que nos diera una pájara. Los últimos kilómetros se hicieron interminables por el mal estado de terreno, aunque la llegada juntos a meta mereció la pena el esfuerzo y sacrificio de toda la carrera. Al momento llegó Kiko por lo que el trabajo estaba hecho, gran satisfacción y alegría por parte de los tres que parecíamos haber salido de una lucha de barro que duró 5 horas 17 minutos. 

En la próxima más y mejor en "Fuenlabrada de los Montes"
Agradecimientos a la familia Clemente-Bertol por la acogida y el aporte logístico, ¡¡Gracias!!

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